sabato 5 luglio 2008

Mohamed Ba, Presidio per i diritti degli stranieri

Un punto di vista..

1 NON AVER ALTRO IO ALL'INFUORI DI TE;

2 NON NOMINARE LA NaZIONALITA' DEI NUOVI COMPAGNI INVANO;

3 ONORARE LA MEMORIA DEI NONNI E RACCONTARE LA LORO STORIA AI NUOVI COMPAGNI;

4 RICORDARTI DI ONORARE LE FESTE DI TUTTE LE CULTURE PRESENTI NELLA TUA' CITTA;

5 ACCOGLIERE SPONTANEAMENTE I NUOVI COMPAGNI MA NON FARLO PERCHE' QUALCUN'ALTRO LO CHIEDE;

6 NON TESTIMONIARE SULLA CULTURA DEGLI ALTRI SE NON NE SAI NIENTE O PER SENTITO DIRE;

7 NON RUBARE LA PAROLA AI NUOVI COMPAGNI, PRIMA DI TUTTO IMPARA AD ASCOLTARLI;

8 NON DESIDERARE SOLO LA CULTURA DEGLI ALTRI, RISCHI DI FARE MORIRE LA TUA;

9 NON DESIDERARE SOLO LA TUA CULTURA, RISCHI LA SOLITUDINE E LA TRISTEZZA;

10 NON UCCIDERE LE DIFFERENZE CULTURALI, SONO LA BELLEZZA DELL'UMANITA';
NON PERDETE L'ATTIMO, ACCOGLIETE.

giovedì 3 luglio 2008

Discurso de Eduardo Galeano

Agradecimiento al título de primer Ciudadano Ilustre del Mercosur
Montevideo- Reenviado por VDA

Nuestra región es el reino de las paradojas.

Brasil, pongamos por caso:

paradójicamente, el Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más altas hermosuras del arte de la época colonial;

paradójicamente, Garrincha, arruinado desde la infancia por la miseria y la poliomelitis, nacido para la desdicha, fue el jugador que más alegría ofreció en toda la historia del fútbol;

y paradójicamente, ya ha cumplido cien años de edad Oscar Niemeyer, que es el más nuevo de los arquitectos y el más joven de los brasileños. ***

O pongamos por caso, Bolivia: en 1978, cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó.

Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos.

-Quiero decirles estito –había dicho-. Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía, ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro.

Y años después, reencontré a Domitila en Estocolmo. La habían echado de Bolivia, y ella había marchado al exilio, con sus siete hijos. Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos, y les admiraba la libertad, pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos. Y les daba consejos:

-No sean bobos –les decía-. Júntense. Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos. Aunque sea para pelearnos, nos juntamos. *** Y cuánta razón tenía.

Porque, digo yo: ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano?

Juntarnos: y no sólo para defender el precio de nuestros productos, sino también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos. Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás. Su riqueza come pobreza, y su arrogancia come miedo. Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita. Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo.

Miedo de vivir, miedo de decir, miedo de ser. Esta región nuestra forma parte de una América Latina organizada para el divorcio de sus partes, para el odio mutuo y la mutua ignorancia. Pero sólo siendo juntos seremos capaces de descubrir lo que podemos ser, contra una tradición que nos ha amaestrado para el miedo y la resignación y la soledad y que cada día nos enseña a desquerernos, a escupir al espejo, a copiar en lugar de crear. *** Todo a lo largo de la primera mitad del siglo diecinueve, un venezolano llamado Simón Rodríguez anduvo por los caminos de nuestra América, a lomo de mula, desafiando a los nuevos dueños del poder:

-Ustedes –clamaba don Simón-, ustedes que tanto imitan a los europeos, ¿por qué no les imitan lo más importante, que es la originalidad?

Paradójicamente, era escuchado por nadie este hombre que tanto merecía ser escuchado. Paradójicamente, lo llamaban loco,

porque cometía la cordura de creer que debemos pensar con nuestra propia cabeza,

porque cometía la cordura de proponer una educación para todos y una América de todos, y decía que al que no sabe, cualquiera lo engaña y al que no tiene, cualquiera lo compra,

y porque cometía la cordura de dudar de la independencia de nuestros países recién nacidos:

-No somos dueños de nosotros mismos –decía -. Somos independientes, pero no somos libres. *** Quince años después de la muerte del loco Rodríguez, Paraguay fue exterminado. El único país hispanoamericano de veras libre fue paradójicamente asesinado en nombre de la libertad. Paraguay no estaba preso en la jaula de la deuda externa, porque no debía un centavo a nadie, y no practicaba la mentirosa libertad de comercio, que nos imponía y nos impone una economía de importación y una cultura de impostación.

Paradójicamente, al cabo de cinco años de guerra feroz, entre tanta muerte sobrevivió el origen. Según la más antigua de sus tradiciones, los paraguayos habían nacido de la lengua que los nombró, y entre las ruinas humeantes sobrevivió esa lengua sagrada, la lengua primera, la lengua guaraní. Y en guaraní hablan todavía los paraguayos a la hora de la verdad, que es la hora del amor y del humor.

En guaraní, ñe'é significa palabra y también significa alma. Quien miente la palabra, traiciona el alma.

Si te doy mi palabra, me doy. *** Un siglo después de la guerra del Paraguay, un presidente de Chile dio su palabra, y se dio.

Los aviones escupían bombas sobre el palacio de gobierno, también ametrallado por las tropas de tierra. Él había dicho:

-Yo de aquí no salgo vivo.

En la historia latinoamericana, es una frase frecuente. La han pronunciado unos cuantos presidentes que después han salido vivos, para seguir pronunciándola. Pero esa bala no mintió. La bala de Salvador Allende no mintió.

Paradójicamente, una de las principales avenidas de Santiago de Chile se llama, todavía, Once de Setiembre. Y no se llama así por las víctimas de las Torres Gemelas de Nueva York. No. Se llama así en homenaje a los verdugos de la democracia en Chile. Con todo respeto por ese país que amo, me atrevo a preguntar, por puro sentido común: ¿No sería hora de cambiarle el nombre? ¿No sería hora de llamarla Avenida Salvador Allende, en homenaje a la dignidad de la democracia y a la dignidad de la palabra? *** Y saltando la cordillera, me pregunto: ¿por qué será que el Che Guevara, el argentino más famoso de todos los tiempos, el más universal de los latinoamericanos, tiene la costumbre de seguir naciendo? Paradójicamente, cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.

Y me pregunto: ¿No será porque él decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en este mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen? *** Los mapas del alma no tienen fronteras, y yo soy patriota de varias patrias. Pero quiero culminar este viajecito por las tierras de la región, evocando a un hombre nacido, como yo, por aquí cerquita.

Paradójicamente, él murió hace un siglo y medio pero sigue siendo mi compatriota más peligroso. Tan peligroso es que la dictadura militar del Uruguay no pudo encontrar ni una sola frase suya que no fuera subversiva, y tuvo que decorar con fechas y nombres de batallas el mausoleo que erigió para ofender su memoria.

A él, que se negó a aceptar que nuestra patria grande se rompiera en pedazos;

a él, que se negó a aceptar que la independencia de América fuera una emboscada contra sus hijos más pobres,

a él, que fue el verdadero primer ciudadano ilustre de la región, dedico esta distinción, que recibo en su nombre.

Y termino con palabras que le escribí hace algún tiempo: 1820, Paso del Boquerón. Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

Se agrisa el paisaje. Usted se va, vencido, y su tierra se queda sin aliento.

¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ella ha dicho.

Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, autor de Las venas abiertas de América Latina, Memorias del fuego y Espejos/Una historia casi universal.

domenica 25 maggio 2008

Settimane sandonatesi

L’ultima volta che spingevo le mie dita su una tastiera era ad un mese dalle nozze, per raccontarvi le sensazioni di una persona che si avvicinava alle stesse. Da quel momento sono successe mille cose, tra cui le nozze, tutte gioiose e stimolanti.

Sono tornato in Italia nella speranza di bruciarmi grazie all’entrante estate, incontrando una perturbazione che dall’alto del cielo m’ha detto ciao ciao per due settimane.

Tempo passato a San Donà e dintorni, nei luoghi dei miei primi vent’anni di vita, tra gli amici, carissimi, e delle persone sconosciute, che crescono in un intorno che è già diverso da quello che ho vissuto. Ho passato delle bellissime giornate, con i fratelli sandonatesi, che poche volte ho sentito così vicini, e con amici che alla spicciolata iniziavano ad arrivare da diverse terre per partecipare all’incontro matrimoniale. Ho messo a soqquadro la casa, la testa e la pazienza dei miei santi genitori, ospitando fino a cinque persone alla notte nell’Holiday Inn Momentè, tra cene in esperanto e chiacchiere nicaraguesi, tra aperitivi e miss costa rica, tra passeggiate tra le calli veneziane e pioggia, tra persone che hanno trovato nel linguaggio dell’attrazione la loro dinamica comunicativa.

Due settimane intensissime, tra calcetto e monkey’s, tra autostrade immaginate ed acqua offertaci da fratelli non ancora conosciuti, tra una Trieste raggiante ed una Venezia ansimante.

E’ stato, credo, un modo per riconciliarmi con gli amici di sempre, quelli con cui si sono fatte tutte le stupidaggini e con cui si sono condivise le prime esperienze, sempre le più intense. L’occasione per capire che ognuno la pensa come vuole, che ognuno sta crescendo in un contesto diverso e che,in relazione a questo, forma la sua testa, il suo modo di pensare; ma per convincermi, convincerci forse, che solo attraverso il confronto, l’interagire continuo, si può veramente capire cosa vale la pena. Per cosa arrabbiarsi e in cosa credere, nell’Amicizia per esempio. Ho ricevuto delle lettere, ho ascoltato delle parole, ho letto negli occhi di chi la bocca preferisce aprirla il meno possibile, e mi sono emozionato. Un emozione non a termine, una sensazione che continua a pervadermi; riempirmi; questo è ciò che mi porto dentro di queste due settimane.

E vi ringrazio per questo.

venerdì 25 aprile 2008

Sul 25 Aprile

"Io non sono che una piccola cosa, e il mio nome sarà… presto dimenticato, ma l'idea, la vita e l'ispirazione che mi pervasero continueranno avivere. Li incontrerai ovunque, sugli alberi in primavera, negli uomini sul tuo cammino, in un breve e dolce sorriso. Incontrerai ciò che ebbe unvalore per me, l'amerai e non mi dimenticherai. Crescerò e diventerò maturo, vivrò in voi, i cui cuori ho occupato, e voi continuerete a vivere, perché‚ sapete che mi trovo davanti a voi e non dietro di voi, come forse eri portata a credere... Non sono vecchio, non dovrei morire,ma tuttavia mi pare naturale e semplice. E' soltanto il modo brusco che ci spaventa in un primo momento. Il tempo è breve, i pensieri sono molti. Noncapisco il perché, ma il mio animo è sereno..."
Quello che avete appena letto è il testamento spirituale di un giovanepartigiano europeo, la sua ultima lettera prima di essere fucilato.
Alla Resistenza PeaceLink ha dedicato questa pagina web http://lists.peacelink.it/news/2005/04/msg00057.html
W l'Italia che resiste!

giovedì 10 aprile 2008

Come ci si sente a poche settimane dal matrimonio?

Sto ricevendo questa domanda dalle persone più diverse e nelle forme più strane, dalle divertenti a quelle che cercano in tutti modi di persuadermi dal farlo.

Ed è un piacere leggere come ognuno, a seconda di quello che sta vivendo adesso nella sua vita, interpreti il matrimonio in un modo diverso: dalle persone recentemente sfidanzate che mi danno del pazzo suicida, alle persone innamorate dell’amore che, indipendetemente dalla loro età, sono felici per noi. Da quelli che lo vivono come qualcosa talmente lontano dal loro quotidiano che semplicemente non lo capiscono, ai contemporanei che non credono nell’istituzione. A quelli che considerano i ventott’anni un’età inspiegabilmente giovane per compiere questo passo.

Fratelli, compagni, sono felice. Punto.

È bello svegliarsi al mattino ed avere accanto la persona che si sa essere per te la più speciale, è bello cucinarsi, ballare, uscire e fare mattina, leggere insieme, capirsi.

Con queste premesse non può che essere un piacere avvicinarsi a questa ritualità tanto chiacchierata.

L’emozione ancora non c’è, perchè tra l’organizzare un matrimonio dall’altra parte dell’oceano ed il lavoro sinceramente non ho ancora avuto il tempo di decantare bene la cosa. Una volta che il mio corpo e ciò che l’accompagna sarà atterrato in Italia, ecco, in quel preciso momento, penso inizierò a sentirlo.

Nel frattempo navigo tra sistemi excel a due milioni di celle e centinaia di pagine: come sapete abbiamo ben pensato di fare arrivare amici da i luoghi del mondo dove siamo stati. Questo implica un divertentissimo sforzo di logistica che ti fa scoprire le tante differenze culturali: si va dal cercare di convincere i latinoamericani che l’email è un mezzo utile per comunicare, ancor più se non ci mettono due mesi a risponderti, ai nordeuropei che hanno comprato il volo per arrivare sei mesi prima. Da quelli che non prendono l’aereo per non inquinare in Europa e verranno in autostop o treno, a quelli che prenderanno la macchina per fare cinquecento metri. Da quelli che non hanno ancora risposto, e si presenteranno tranquilli al matrimonio stonati come sono, a quelli che da un anno ci chiedono cosa si mangierà e finiranno per assaggiare appena i piatti perchè sono a dieta.

È sempre divertente capire come le persone riescano a vivere le stesse cose in modo diverso.

Immaginatevi quel giorno, beh non voglio anticipare nulla, ma credo sarà piuttosto curioso vedere come persone, evidentemente diverse, per formazione, cultura e interessi, interagiranno. Sicuramente il Barolo aiuterà tutti.

Que viva il Barolo!

sabato 15 marzo 2008

Cairoma Stellare

A volte ci si rende conto di quanto si è fortunati a lavorare tra questi paesaggi da fiaba, tra questa gente semplice e sorridente.
A volte le persone si preoccupano per noi, ascoltano delle notizie sui luoghi dove viviamo, e traggono delle conclusioni generali.
A volte le persone si dimenticano di noi.
A volte le strade che percorriamo ci portano lontani da casa, ma, proprio per questo, vicini con il cuore alla nostra gente, anche se, ogni giorno di piú, risulta difficile capire le dinamiche del bel paese, le scelte che le persone fanno. La mia coscienza è inevitabimente, anche se sarebbe bello si potesse evitare, diversa da chi ci sta dentro. Una coscienza che accomuna la gran maggioranza delle persone che quel paese, per diverse ragioni, l’hanno lasciato.
A volte queste stesse persone, invece, si comportano come l’italiano medio medio.
A volte mi viene voglia di raccontarvi degli attimi, come quelli vissuti in una notte tornando a Cairoma, il villaggio dove lavoro, da una comunità vicina, seduto dietro nella moto guidata da un nostro promotore.
Un viaggio nel nero, non nel grigio o nella nebbia, ma nel nero, in quell’oscurità totale illuminata solo dalla luna, quando trova spazio tra le nuvole. Le zone rurali di Bolivia spesso non hanno elettricità, se ce l’hanno sicuramente non la destinano all’illuminazione del cammino che collega una comunità all’altra. Chiamarlo cammino è appropriato perchè gli unici che dovrebbero averci il permesso di transitare sono i pedoni, visto lo stato pietoso dello stesso. Terra, roccia, sassi, erba, da cui negli anni si è ricavato qualcosa che assomiglia ad una strada, un cammino appunto.
E come il cammino di Santiago serve a ritrovarsi, i cammini di Cairoma sono una buona prova di forza anche per me che di strade credo ormai di averne viste di tutti i tipi.
Pochi giorni fa me ne sono reso conto, la diversa percezione delle cose. Stavo in un microbus in una strada di montagna, nemmeno troppo mal messa, quando dando un occhiata svogliata alle mie spalle, mi sono reso conto che una signora tedesca stava tremando coprendosi gli occhi per il terrore che il micro potesse sbandare e rotolare per un migliaio di metri nell’onnipresente burrone. Sinceramente mi è venuto da ridere, ma non per mancanza di rispetto verso la signora, evidentemente non abituata alle strade sterrate boliviane. Sorridevo di me, della mia percezione distinta delle cose, di come evidentemente le concepisca e le senta, di una forma molto più tranquilla e rilassata, dovuta evidentemente all’abitudine al viverle.
Insomma, tornando a Cairoma, ricontestualizzando, mi trovavo in queste strade immaginate con Filiberto, il promotore, che tranquillo avanzava come se conoscesse il percorso a memoria. E questa è l’unica spiegazione che mi do visto che non si vedeva nulla e lui tranquillamente impostava i tornanti come se fossimo stati sotto il sole di mezzogiorno. All’improvviso, in lontananza, nell’altro versante della montagna, delle luci; capire se fossero luci o stelle era davvero difficile, e alla fine, irrilevante. La sensazione era che queste luci che mi apparivano timide ogni tot di chilometri, fossero pianeti lontani ed irraggiungibili. Come se noi fossimo persi nello spazio, nuotando nel nulla, e vedessimo nell’universo queste stelle, asteroidi o pianeti. Mi rimbalzava il cuore, non certo dalla paura, se non dall’emozione.
Dalla coscienza acquisita che ti fa vivere con gioia l’opportunità di lavorare in dei luoghi che sono davvero altri pianeti, popolati da questi contadini orgogliosi della loro cultura millenaria, che passano le giornate arando a mano i loro campi, da delle donne che portano delle gonne a mongolfiera che, perennemente in cinta, lavano, cucinano, accudiscono i piccoli, e da dei bimbi, irrimediabilmente cicciotti e sorridenti che a diec’anni sono molto più maturi rispetto al lavoro e alla famiglia che il promedio degli universitari italiani.
Cairoma Stellare, Cairoma.


domenica 10 febbraio 2008

Arequipa, un Perù di monasteri, marce e carnevale

Avendo già avuto la fortuna di vedere le prove delle sfilate, per il lungo fine settimana di carnevale (due giorni e mezzo di ferie), abbiamo approfittato per andare in Perù, ad Arequipa. La città non è particolarmente distante a chilometraggio, essendo La Paz ubicata nell’ovest di Bolivia, ma il viaggio è tutto un programma. Comprato il biglietto ci assicurano che in dieci ore saremo li, il che, contando l’immensità di Bolivia e la condizione media delle strade, non è un gran viaggio. Partiamo quasi puntuali e dopo vari controlli intermedi, in meno di tre ore siamo al confine, wow! Qui inizia il divertente: primo, dobbiamo abbandonare il nostro bus, passare per l’immigrazione boliviana, poi per quella peruviana e poi andare a una agenzia di viaggi tal dei tali dove li ci starebbero aspettando e ci avrebbero caricato in un altro bus. A parte il fatto che non avevano detto che bisognava cambiare bus, il resto sembra fattibile. Passiamo l’immigrazione boliviana senza intoppi e entriamo in Perù, attraversando un ponte a piedi che unisce i due paesi. In realtà è molto bello il contesto: sulle sponde del Lago Titicaca c’è il confine boliviano-peruviano. La cosa curiosa è che le persone sono identiche, tutte Aymara, tutte cholite, tutti contadini. A volte i confini fanno proprio ridere. Quello che si, differenzia questi due confini è la lentezza colossale dell’immigrazione peruviana: nell’ordine, fai una fila di venti minuti per poi sentirti dire che prima devi fare un’altra fila, vai all’altra fila, aspetti mezz’ora e una volta li ti dicono che non era necessario fare quella fila, di rimetterti nell’altra, che nel frattempo è diventata lunghissima. In quasi due ore, rispetto ai due minuti boliviani, riusciamo a passare per la migrazione peruviana. Raggiungiamo rilassati l’agenzia di viaggi per sentirci dire che il nostro bus se ne è andato perché ci abbiamo messo troppo a immigrazione e non poteva più aspettare… Eh??? Noi ci abbiamo messo troppo? Vabeh. Aspettiamo quattro ore e prendiamo il prossimo bus. A notte fonda arriviamo ad Arequipa, troviamo un ostello carino, facciamo un giro per la città e a dormire. Il giorno dopo ha riservato altre due sorprese, una la visita al monastero delle suore di clausura dell’ordine di Santa Caterina, l’altro l’ennesimo problema ai denti per me. Il monastero di queste monache è una città nel mezzo della città,con le sue vie, le sue fontane, la sua organizzazione interna. C’abbiamo messo mezza giornata a visitarlo. L’altra mezza (insieme ad altri rapidi passaggi nei giorni successivi) invece, ahimé, è stata passata dal dentista per una devitalizzazione ( e speriamo che almeno da morto mi lasci in pace sto dente!). Abbiamo assistito anche ad un curioso sovrapporsi: l’appuntamento domenicale con la sfilata di tutte le forze militari peruviane presenti nella città (tutte le domeniche lo fanno !?) resa più simpatica dal rincorrersi, nelle vie limitrofi, di bambini e ragazzini che, giustamente, erano molto più concentrati sul carnevale e, anche qui, sul cercare di bagnare più malcapitati possibili. Bel contrasto, gli apparati della guerra sfilano, e i bimbi giocano, alla guerra dell’acqua. Abbiamo incontrato due personaggi degni di nota, uno statunitense annoiato dalla vita che era in città per studiare spagnolo accompagnato dall’inseparabile Lonely Planet e da una logorroica ma simpatica voglia di chiacchierare, soprattutto sul tema delle elezioni presidenziali nel suo paese. Era assai eccitato dall’idea che presto avranno un presidente nero o una presidentessa (mmm..mai dirlo prima che avvenga davvero mannaggia), e si lamentava per il fatto di non poter andare in Bolivia perché la gente li odia. Lasciatemi aprire una parentesi: la questione è che da questo anno, dato che i cittadini boliviani per andare negli Stati Uniti devono richiedere un visto, lo stesso vale per gli statunitensi. E ovviamente, quando le loro stesse regole, gli vengono opposte, cadono dalle nuvole invocando l’odio (mmm). A parte che la gente non li odia, ma al massimo, e con tutta la ragione, ce l’hanno con il loro governo, colpevole da vent’anni di portare avanti una guerra contro la coltivazione della coca, pianta sacra agli indigeni e fonte di ingresso e sostentamento per centinaia di migliaia di famiglie attraverso la vendita delle sue foglie, legali, con cui si fanno dei te e si masticano per recuperare energie durante e dopo la giornata di lavoro. A quattromila metri, lavorare quattordici ore al campo non è esattamente semplice, la foglia di coca da energia. La cocaina non c’entra niente, è un derivato ricavato attraverso trasformazioni chimiche che prevedono, fra l’altro l’uso di benzina nella lavorazione. Insomma, una cosa naturale della pachamama e una delle cose più chimiche che esistano, niente in comune, tranne che per il governo nordamericano. Chiusa la parentesi.
L’altro personaggio degno di nota è un ragazzo peruviano, che viveva nel nostro ostello, che ci accompagnato in una passeggiata notturna alla scoperta della città che sta dall’altra parte del fiume, molto meno curata, molto più simile a una qualsiasi periferia latinoamericana. Tra chiacchierate più o meno allucinanti abbiamo macinato chilometri, per poi salutarci e augurarci buona fortuna.
Si riparte per La Paz!

martedì 29 gennaio 2008

Fare e pensare a La Paz

Tornato dal Brasile mi sono rapidamente rituffato nel lavoro, anche se, in questo primo mese dell’anno, prettamente a La Paz. E’stagione delle piogge in Bolivia, e si sente. L’accesso alle comunità del progetto è impossibile; alcuni dipartimenti del paese, Beni e Pando, stanno vivendo un’emergenza dovuta alle forti inondazioni e alla rottura di alcune tubature di acquedotti che stanno fortemente limitando l’approvvigionamento di acqua. Il pericolo di epidemie e i disagi stanno affliggendo il quotidiano di decine di migliaia di persone.
Rispetto al lavoro, ho rivissuto in questo mese l’atmosfera da “ufficio”, che tanto ha caratterizzato la vita nicaraguese. Diagnostici, alberi dei problemi e delle loro soluzioni, quadri logici, domande di finanziamento e via dicendo. Ho avuto anche la fortuna di partecipare ad un corso avanzato di Ciclo del Progetto, che è appunto la disciplina che studia le varie attività di cui mi sono occupato. Certo è importante formarsi e ascoltare pareri autorevoli, a volte però ho la sensazione di sconnettermi dalla realtà. E’ la stessa paura che non mi fa affrontare serenamente l’idea di re-inserirmi nel mondo accademico. Temo di rifinire in grandi discorsi annaffiati da del buon vino, che hanno, secondo me, il limite di fermarsi li. E’ la dinamica tra il fare ed il pensare. Un amico dice che ormai ha capito che lui è fatto per pensare, teorizzare. Io credo di essere nel medio. E non mi schiodo, un democristiano insomma, o udcese, o rosa bianchese, o udeurese, o libdemese o..lasciamo perdere meglio. Se certo il fare è importante, il pensare teorico è indispensabile. Sto cercando di capire se posso fare entrambe le cose.
Nel mezzo di queste pippe atroci ho passato delle settimane piacevoli. Si è festeggiato il compleanno di Chiara, il suo ultimo da nubile. Nonostante fosse un Lunedì abbiamo pensato di organizzare una festicciola in casa Utopia. Sorprendentemente, per essere Lunedì, sono arrivate una quantità impressionante di persone che hanno saturato la seppur grande nostra casetta. Tra queste la fauna era varia: c’erano gli amici boliviani che c’hanno onorato suonando delle musiche tradizionali con tamburi e fiati, i futbolinari, che non si schiodano dal calcio balilla nemmeno per brindare, i danzerecci, che nemmeno per un secondo abbandonano il nostro salottino ballerino, i bevitori, i chiacchieroni, l’antropologa del cibo, gli “ongeros”, cioè quelli che lavorano con ong, quelli delle organizzazioni internazionali. Tutte queste categorizzazioni risultano fluide, riuscendo addirittura queste persone a comunicare tra di loro! La festa è proseguita allegramente fino a che alle due, dovendo essere in ufficio qualche ora dopo, abbiamo iniziato a pulire mentre gli amici boliviani, che non lavorano, cercavano disperatamente una liquoreria nei paraggi per continuare a festeggiare. Per nostra fortuna non l’hanno trovata.
E’ stato il mese in cui ho iniziato ufficialmente a scalare, e mi piace. E’ una sensazione bella quella di accarezzare la roccia, sfiorarla cercando la giusta sfumatura per poi stringerla e spingere con gambe e braccia per salire, equilibrandosi con passi felpati e lungimirante gestione delle risorse energetiche. Il tutto all’aria aperta, con un sole benevolo e dei panorami notevoli. Lavoro permettendo cercherò di sviluppare questa nuova passione.La Bolivia, il primo fine settimana di Febbraio si ferma per il carnevale. Celebrazione caratterizzante questo paese, dove a parte le vesti, si realizzano delle sfilate ballate di confraternite e gruppi, soprattutto nella città di Oruro, tre ore al Sud di La Paz. Essendoci andati a scalare la settimana prima della sfilata, abbiamo approfittato per viverne l’atmosfera delle prove. Montano delle gradinate intorno al percorso della sfilata, la gente paga per il posto e passa il pomeriggio osservando partecipe il passare dei gruppi. Il tutto bevendo e lanciando globos, gavettoni; ogni persona partecipa all’eccidio, dall’ottantenne al bambino in carrozzina. E’ una guerra civile senza fazioni, tutti contro tutti! Le ragazze più sagge si coprono con dei ponchos, io pure, con una gobba fenomenale dovuta allo zaino che porto sulle spalle e che mi fa sentire ancor più osservato. Credo assomigliassi ad un mostro ambulante; nonostante ciò, vengo immediatamente chiamato a ballare da una fanciulla “simpatica”, nel senso sandonatese del termine che lascio dopo un pò, mentre lei mi dice con fare sensuale “non te ne puoi andare, resta con me!”L’alcool!! Trasforma pure le integerrime aymara in delle focose donne.

lunedì 7 gennaio 2008

Parallelamensci Bahia

Le vacanze di Natale oltre a regalarci Gesù, ci danno l’opportunità di recuperare un pò d’energie, riposando le membra. Con Chiara si è deciso di farlo in Brasile, nella regione di Bahia, l’arcicelebrato nordest brasiliano. Una decina di giorni da dedicare alla spiaggia, all’oceano, ai balli e ai piatti tipici della zona, dove nei secoli si sono mischiati gli autoctoni, gli schiavi provenienti dalle coste Africane e i bianchi colonizzatori. Certamente Bahia è una tra le zone più nere di questo grande paese, dove i discendenti dei fratelli africani sono riusciti a mantenere le loro tradizioni culturali e religiose.
Arrivati a Salvador la vigilia di Natale, riceviamo immediatamente una lieta sorpresa, un conoscente artigiano, che avevamo cercato invano di contattare per telefono, arriva all’aeroporto e tra grandi abbracci e sorrisi ci porta direttamente a casa sua, dove, trattati come figli, passeremo il Natale e alcuni momenti memorabili. Non mi stanco mai di sottolineare come l’ospitalità sia un concetto che, a seconda dei luoghi, assuma forme assai differenti. Se qui è scontato che uno sconosciuto ti porti a casa sua, ti ci faccia stare una settimana, ti rimpinzi delle pietanze più buone e di frullati di frutta paragonabili ai nicaraguensi, in altri luoghi ciò è molto meno scontato, per differenti ragioni che lascio ad ognuno individuare.
Il nosto amico artigiano, Roberto, è una persona fantastica, ha vissuto quattro anni in Bolivia vendendo le sue collane per strada, innamorandosi del paese fino a quando, per motivi di permesso, è stato rimandato in Brasile, dove sta lavorando per raccogliere i soldi necessari a tornare a La Paz. Ci ha fatto conoscere la città, alcuni scorci di spiaggia immersi nel verde, abbiamo ballato reggae insieme, mangiato le prelibatezze afrobrasiliane, bevuto cocktail fatti in casa mentre sua madre e le sue sorelle ballavano in salotto a ritmo di samba.
La musica è essenza di ogni persona qui, si canta e balla per strada, si accennano ritmi nel bus usando i sedili e cantandoci sopra; e i retaggi africani sono evidenti nelle movenze e nei ritmi. Gli amici di Roberto ti parlano come se fossi li da sempre e conoscessi tutto, invitandoti da tutte le parti, sempre con un sorriso e una vibra spettacolare. È un osservazione che si fa spesso quella della buona vibra delle persone, in paesi dove, tecnicamente, ci sarebbero molte ragioni per lamentarsi. Avrá avuto ragione mia nonna, in una delle sue frasi più celebri, quando diceva che “se stea meio cuando se stea pezo”, si stava meglio quando si stava peggio. L’importanza che si da a tante cose ritenute fondamentali nei paesi che chiamano sviluppati è assente, ci si diverte e ci si gode la vita, il tutto in un contesto di appartenenza familiare, culturale e nazionale, che lascia però totalmente aperta allo straniero la partecipazione piena. Non ci sono integralismi indigeni, non c’è nemmeno nichilismo, è semplicemente naturale. La santeria, la religione afro-brasiliana, non prevede inferni o paradisi, non è restrittiva o punitiva, nè pretende di evangelizzare. Consiglia di comportarsi bene, e rispettare il prossimo.
Credo che in tutto ciò il clima aiuti, la gente gira solo in costume, si sveglia con il sole che scalda, l’energia e il buon umore non possono mancare!
E infatti, quando da Salvador ci siamo spostati vicino Iticaré, sei ore più al sud, in una riserva naturale dove avevano organizzato un festival musicale, l’energia era palpabile. Questo festival, chiamato universo parallelo, si caratterizza per musica che si ascolta ventiquattro ore al giorno ininterrottamente, per corsi di varie discipline come giocoleria, yoga etc; il tutto immerso tra le palme, con l’oceano di fronte. L’accampamento era lungo mezz’ora di cammino, immaginatevi quindi la quantitá di gente; la cosa piacevole è che c’erano estrazioni sociali e di etá differenti, dal borghese, alla coppietta di vecchietti, dall’artigiano squattrinato allo straniero in vacanza. Le persone erano ben felici, conscie di condividere un evento musicale notevole. Come sempre ci si trova di fronte a dei personaggi indimenticabili: dal giovane che ascolta trance seduto su una sedia con accanto il suo amico ET, un pupazzo di plastica a grandezza umana con le sembianze di un extraterrestre, all’artigiano che per intortarsi una preda qualsiasi parla di revoluzione parallela (che si legge revolusao parallelamensci in brasiliano) e mi fa scoppiare a ridere per mezz’ora, da una mamma che girava con la figlia di diec’anni gia truccata e con piercing, entrambe vestite come la principessa Xena, che facevano le giocoliere, da un signore sui cinquantanni soprannominato la bestia per la sua bruttezza, a cui aggiungeva uno stile di vesti non proprio probabile, inspiegabilmente accompagnato da delle bellissime fanciulle, ad alcune dee dalla bellezza folgorante: una ragazza nera che al semplice guardarla ti si bloccava la mascella a una giovane mamma bianca con il figlioletto nudo in braccio. Ho notato che la moda fa da padrone anche a questi eventi: quest anno andava di moda il completino leopardato. Come ben sapete i bikini brasiliani sono famosi per la loro essenzialità, a questo aggiungeteci il leopardato. Insomma, il fine era identificarsi con Jane, compagna di Tarzan, appena uscita dalla giungla. E diciamo che ci riuscivano bene.
La musica andava dalla trance, alla goa, dal reggae alle percussioni e alla chill out, ce n’era quindi per tutti i gusti. Si andava a dormire alle quattro e ci si svegliava alle sette, un pò per il caldo e un pò per la musica. Ma presto fatto, ci si trasferiva in spiaggia nella zona chill out, e all’ombra di una palma si poteva riposare fino a mezzodí.
E cosí le due settimane sono passate rapidamente, un aereo della compagnia Gol, a riprova che il calcio è ovunque in Brasile, ci ha riportato in Bolivia. Belle giornate, intensamente rilassanti.

martedì 18 dicembre 2007

Riflessioni esogene

Dedicare del tempo a pensare a come trasmettere che cosa rappresentino due mesi in un paese ai piú e al medesimo poco conosciuto mi ha fatto pensare a delle istantanee che, nella loro specificitá ben descrivono l’apparire ed il sentire di questo topos variegato.

Iniziamo dalla cittá: l’arrivo a La Paz, implica il passaggio per El Alto, dove é situato l’aeroporto. El Alto é una cittá sorta intorno alla valle dove si distende la capitale, arrampicandosi sui monti che ne disegnano il profilo, risultando essere ormai quasi piú grande di La Paz stessa. La discesa tra le ripide vie che rapide portano al centro della cittá, costellato di grattacieli anni settanta e ottanta che fanno imprecare contro l’immaginario assessore all’urbanistica dell’epoca, si caratterizzano per le grandi differenze tipiche delle capitali e delle cittá cresciute in fretta. Si passa dalle case di adobe, un misto di fango e paglia da cui ricavano mattoni, a delle villette che tanto vogliono assaporare l’american dream nella loro sindacabile architettura.

Per le strade di Sopocachi, la zona della cittá dove é situato l’ufficio della ong, gli opposti non mancano. Di fronte alla sede del Programma Mondiale di Alimenti, il famigerato World Food Programme, giusto di fronte a macchine sproporzionatamente grandi, seduta su una sedia instabile, sta fissa una signora spettinata dal rossetto shocking che vende panini fatti in casa con pomodoro e avocado, vicino a lei un signore che, in un carretto dalle ruote sgonfie, vende piantine e fiori. Verso sera, nella stessa piazza, compare un signore ben piazzato che apre il suo baracchino, famoso per le salcipapas, un piatto a base di salsiccia e patate fritte condito con abbondanti salse che escono da improbabili contenitori di plastica colorata che tanto ricordano i porcari italiani, e che, ugualmente, dicono siano ottimi per saziare la fame chimica, fedele compagna di viaggio. Camminando solo un paio di minuti piú in giú del salcipaparo, si arriva a Plaza Avaroa, dedicata ad uno degli eroi nazionali boliviani, famoso per essere morto in battaglia contro i cileni, nella guerra in cui Bolivia perse l’accesso all’Oceano Pacifico. Tutto intorno a questa piazza pullulano i locali per occidentali, dove un caffé costa tre volte un panino della signora shocking o del salcipaparo. Sempre intorno a questa piazza amici fanno i giocolieri guadagnandosi il pane quotidiano con spettacoli di clave e palline, chiedendo un peso a uomini d’affari nascosti dietro i vetri oscurati dei loro suv.

Il mercato di Sopocachi é una esplosione verticale di bancarelle da cui a fatica, sommerse tra patate e verdure, si scorgono le cholite, cosí chiamano le donne che vestono tradizionalmente; appena piú in la ci sono i lustrascarpe, perennemente incapucciati per limitare gli effetti negativi del respirare le esalazioni della vernice che utilizzano per lavorare. Le strade sono stracolme di microbus e bus, tutti con una onorata carriera alle spalle in paesi come Corea o Giappone che, una volta considerati da buttare, vengono regalati dai rispettivi governi ai membri di cooperative di trasportatori di paesi in via di sviluppo, per farsi ben volere dalla gente e, piú subdolamente, come sempre con le donazioni, per fare lobbying sui governi locali per ottenere accordi economici vantaggiosi. La vita utile del mezzo qui raggiunge livelli inimmaginabili, essendo spesso il mezzo considerato come un regalo di Dio, da rispettare e curare certosinamente.

Muoversi nei microbus, nel formicaio di strade trafficato che é La Paz, da sempre il piacere di guardarsi attorno. In ogni marciapiede c´é un albero di mimose, ogni isolato una borsa abbandonata per terra dice plomero-electricista, persone che lavorano alla giornata lasciando la borsa degli attrezzi li e intanto girovagando nei dintorni nell’attesa che qualcuno li chiami. Spesso ci sono delle prove di ballo per strada. Tradizionalmente per celebrare qualsiasi festivitá, religiosa e non, qui ballano danze tipiche. Nei giorni precedenti, dai piú piccoli fino ai piú anziani, occupano le strade per esercitarsi; la cosa divertente é che tutti rispettano questo costume perció é tipico stare un bel pó fermi aspettando che i protagonisti terminino il loro ballo. Fra l’altro queste situazioni sono sempre buone per celebrare. E qui si celebra bevendo; tipica immagine é quella di una cholita che tra una giravolta e l’altra si trovi spaparanzata per terra per aver perso l’equilibrio, il tutto tra le risate dei compagni e di lei stessa.